Hoy, 50 años.
¡FELICIDADES!
29 de setembre 2011
11 de setembre 2011
04 de setembre 2011
Setembre.
Ja hem tornat. Ja s'acaba l'estiu. Comença la rutina. L'institut. Les activitats extraescolars. Els exàmens. Retornar a veure els companys i companyes. Ja podem guardar els biquinis al fons de l'armari. Anem traient les jaquetes primes. Arriba la tardor. Les fulles cauen dels arbres. Sí! Ja hi som. Ja hi tornem! M'encanta!
15 d’agost 2011
El baile pendiente.
Último día de fiesta mayor. Gran baile de gala. La plaza del pueblo a reventar. La orquesta interpreta una melodía de Gershwin. Los que acumulan décadas de juventud siguen las cadencias memorizadas año tras año, los niños corretean entre los cuerpos y las pandillas de adolescentes desfilan arriba y abajo sin saber muy bien cuál es su lugar.
La mirada de él y la de ella se cruzan. Entre ambos, toda la plaza y toda una vida. Se miran y piensan que esa podría ser su canción… Si tuvieran una canción. Y si alguna vez hubieran tenido un baile. La nieta de ella, un torbellino con rizos, la toma de las manos y la arrastra al centro de la plaza. La mujer intenta enseñarle unos pasos, pero con el ímpetu de la pequeña acaba en un traspiés y unas risas. Él la mira en la distancia y se imagina ese tropiezo sobre su pie derecho. Casi puede notar el pisotón. Se imagina tomándola por la cintura, apartándole ese mechón rebelde y robándole un beso. Se le escapa una sonrisa. Lleva el mismo vestido que hace un par de ellos, recuerda él. El azul siempre le ha quedado bien, sigue pensando, y al instante desfilan por sus ojos los ocho preciosos vestidos azules que él le ha visto en los últimos 30 años. La música cesa. Las parejas se dan un respiro. Ella levanta la vista y, de nuevo, se cruzan la mirada. Se sonríen. Cómplices. Un año más han bailado a Gershwin solos en la plaza.
Emma Riverola, El Periodico de Catalunya.
19 de juliol 2011
A tiempo parado.
No se cómo aún, pero pude parar el tiempo. Supongo que fue porque lo deseé. O porque lo necesitaba. No quería que el reloj siguiera avanzando. Así que repetí y repetí mil veces en mi cabeza que ojalá se quedara todo así. Tan inocente como lo era yo con seis años. Pero justo paré el tiempo cuando soplaba las velas, las siete velas de la tarta. Creo que durante el poco tiempo en el que no avanzaban los minutos, las horas, los segundos, pude contar que solo había apagado 6 velas. Así que no se si en ese momento había parado el tiempo, o si había retrocedido justo un año atrás. Quise que todo se hubiera quedado como entonces: ropa cursi, muñecas en la cama, miedos nocturnos que acaban siendo noches en la cama de mis padres -papis entonces- , sin ajetreos, ni exámenes, ni obligaciones... ¡Era tan perfecto! Pero es ley de vida crecer y madurar y darse cuenta de las cosas. No pude contar el rato en el que no avanzaba el tiempo, pero no fue mucho. Y ahora mismo, volvería a pararlo para reflexionar. Para ver qué es lo que soy y qué es lo que son los demás. Para pensar en qué quiero y en qué no quiero. Pero creo que todo fue fruto de mi imaginación. Aunque entonces aprendí que no está mal que de vez en cuando paremos un momento y pensemos.
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