08 de maig 2011

Ángel.

Bueno, pues cada domingo me traen flores.  Me dedican unas cuantas lágrimas y se van recordando buenos momentos. Se arrepienten de nuestra última conversación y se lamentan porque no me dijeron aquello que me deberían haber dicho... Total, una vez se van y me dejan tranquila, puedo, por fin, llamarle y hablar con él, con Ángel. Bueno, hablar... y lo que surja.
A veces conversamos de fútbol, porque sé que la moda no le interesa. Otras, de aviones. A los dos nos apasionan los aviones. Aviones supersónicos, aeroplanos, avionetas…  También hablamos de política aunque nunca llegamos a ninguna conclusión. Nos cuesta entender a los políticos. Son grandes momentos las conversaciones  que paso con él.
“¿Y lo que surja?” Pues lo que surja es… lo que surja. A veces surge una risa, un abrazo, un guiño... Depende del día, la hora y del lugar. Bueno, del lugar no. También jugamos al escondite. Pero siempre me pilla. O yo soy muy mala escondiéndome… o él es muy bueno buscando.
La verdad, es que cada día es un mundo, una aventura. Cada día aprendo cosas nuevas. Me lo paso genial. Llegan nuevos vecinos. Conozco a mucha gente…
No sé porque la gente odia tanto ese día, porque yo puedo aseguraros que una vez estéis aquí, os lo pasaréis bien y que no es tan malo como os lo imagináis. Sí que es verdad que se echa de menos a cierta gente, pero no hace falta que os despidáis con un hasta siempre, si no con un, hasta luego.
Me despido, Sandra.


01 d’abril 2011

Lluitant.

Càncer. Una paraula i tants significats. Tantes emocions. Càncer, creixement descontrolat de cèl·lules malignes. També se li pot dir com a malaltia que mata a gent estimada. O malaltia que t’enfonsa a tu i a la teva família, i als teus amics. Malaltia que de vegades surts endavant, però que d’altres et fa perdre una vida. Tothom pot tenir càncer: un nen, un adult, un jove, un ancià. El càncer pot amb tot. A més, no hi juga sol. Una vegada t’has curat d’un càncer, et diuen que tornes a quimio, perquè el tumor, ara, ha sortit en un òrgan pròxim a l’anterior.  Et diuen que et curaràs, però t’hi estàs allà podrint a l’hospital. Se’t cau el pèl, vomites, et fa mal el cos,  et sents impotent... Fins que un dia et donen la notícia de què el càncer és terminal, incurable. I llavors, sents que tot es va fent més petit. Que cada vegada ho veus menys, que es va allunyant, però no, ets tu que te'n vas, ets tu que no has sigut capaç de lluitar contra aquesta maleïda malaltia, ets tu que estàs marxant a poc a poc sofrint i fent sofrir als teus. Encara no hi ha cura per això, millor dit, per aquesta merda. No hi ha cura, estan investigant, però hem de saber que allà, mentre nosaltres hi som al pati de l’escola jugant a futbol o fent tardes de cine, s’estan morint nens i nenes,  i ancians, ancians que podrien ser els teus avis.
Només hem queda dir-vos a tots vosaltres...
SIGUEU FORTS I NO US RENDIU MAI. No esteu sols.



16 de març 2011

Plou.

Fotografia de Sara Garcia.
Avui m’he despertat, com sempre, a les set. Puntual.  M’he posat la bata i les sabatilles i he anat cap a la finestra. L’he oberta i ha entrat un corrent d’aire molt fred. M’ha refredat el rostre i m’ha fet posar-li mala cara al dia.
Plovia a bots i barrals, cues de cotxes, nens saltant als bassals, mares emprenyades, homes vestits amb elegància, iaios i iaies compartint paraigües, autobusos plens, carrers inundats, nadons al cotxets tapats fins al coll, desfilades de nenes presumint dels seus impermeables, vent, olor a herba fresca, adolescents pensant que no agafaràn un refredat anant sense paraigües i amb una sola màniga...
El cas és, com anava dient, què ja no tindré un bon dia: em mullaré els baixos del pantalons, s'em refredaran les mans, relliscaré pel carrer... No m’agraden gens els dies com aquest. Tot i així no penso quedar-me aquí tot el dia. Avui és dissabte, per cert, l’últim dissabte de l’ hivern del 2011 i, per tant, no penso estar-me a casa avorrida i solitària.

11 de març 2011

11 de Marzo de 2011.

Hoy es día 11 de Marzo de 2011. Hace siete años, en un mismo día como hoy...

Susana, iba de camino al trabajo, después de haberse tomado su café de cada mañana.

Sara, madre primeriza, llevaba a su hija de un mes a la visita pediátrica semanal.

Álvaro, llevaba a su hijo al colegio.

Jesús, iba de camino a la empresa, al igual que Alicia.

Siempre la misma rutina…

Eran las 7:36 minutos de la mañana. Miles de pasajeros viajaban en tren por vías de la Comunidad de Madrid, al igual que por el resto de España.
Las cámaras de grabación de la estación de Atocha indicaban que a las 7:36 ya había explotado una de las bombas. A las 7:38 la segunda, en el quinto vagón; y a las 7:39 la tercera, en el cuarto vagón. A la vez que estas, en la estación de El pozo del Tío Raimundo, explotan otras dos, mientras que en la estación de Santa Eugenia, una. Segundos más tarde, ni más ni menos que cuatro bombas, explotan en la Calle Téllez, ocasionando, un total de 177 muertos al instante o minutos después y 1.857 heridos. El número total de fallecidos sería 191 más dos fetos en gestación.

La vida rutinaria para estas 191 personas, había acabado.

Susana, ya nunca más iba a tomarse el café de las siete, ya que nunca más cogería un tren para ir a trabajar.

Sara, madre primeriza, no debía volver más a la consulta pediátrica.

Álvaro y su hijo no volverían al colegio nunca más.

Y Jesús y Alicia, no llegarían nunca a la empresa.

Actualmente, después de siete años, mucha gente no olvida lo ocurrido. Hoy, mucha gente guarda un minuto de silencio por todas aquellas víctimas que sufrieron hasta el final. Por todas aquellas personas que no se rinden y luchan contra la violencia, por todos aquellos que sufrieron y hoy siguen sufriendo. Por toda aquella gente que abandonó sus vidas ahí, sentada en el vagón… Y yo, yo lo guardo por ellas.

                                                                                                              
En memoria de las 191 víctimas.

Sandra.

03 de març 2011

8 de Enero de 1997

Todo estaba previsto. Ingresaría en el hospital Clínic de Barcelona a las diez de la mañana del 8 de Enero de 1997. No di mucha guerra. Fui buena, y no lloré mucho.  A las 6 de la tarde mi madre ya podía cogerme en brazos mientras yo gimoteaba e intentaba dormir. Fue un fracaso, entre abrazos, besos y visitas, mi siesta empezó a las nueve y media de la noche, justo cuando acababa la hora de visita. Para mí fue un día como muchos otros posteriores, pero según mis padres, les cambié la vida… Cosas de adultos, pienso yo. ;-D