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16 de desembre 2012

L’escola, espai d’avorriment



Albert Montilla Garrido, estudiant. Barcelona.

Existeix una vertadera crisi en l’ambient de l’educació. Per què estic desmotivat per anar a l’escola? Per què sento que hi perdo el temps i hi vaig a passar una mala estona? Com s’ha arribat a crear un espai d’avorriment on el professor dicta una classe en ple segle XXI? Per què els alumnes no entenen el raonament matemàtic o aprenen a comprendre el que llegeixen? És el sistema el que està mal plantejat. Els professors es limiten a ensenyar una veritat i l’alumne a callar. El sistema educatiu no s’ha adaptat als canvis de la societat. Les qualificacions o notes comparen l’individu i el seu aprenentatge amb una escala estàndard. Fet que contradiu la concepció de cada individu és únic, singular i irrepetible. Un número estableix quin tipus de persona ets, i això crea conflictes a nivell cognitiu. A l’escola els alumnes competeixen per ser els millors des de molt petits. Les classes es divideixen en guanyadors que obtenen reconeixements i perdedors que no es tenen en compte. Si de veritat volem millora en el futur és necessari que eliminem aquesta obsessió per l’excel·lència curricular i l’èxit individual i comencem a treballar els valors enfocats en la cooperació i el benefici comú.

El Periódico de Catalunya, 16 de Diciembre de 2012

14 de desembre 2012

Se busca


Lo necesitan los acianos y los discapacitados que temen pagar por su desatención el impago de la Generalitat a las instituciones que les cuidan. Los estafados por las participaciones preferentes, muchos de ellos nuestros padres o abuelos, que han visto cómo la avaricia de la banca devoraba los ahorros de toda una vida. También el mendigo que busca cobijo en las estaciones de ferrocarrils, donde ahora podrá ser delatado si su visión estorba al viajero gracias a la aplicación del conseller Recorder. Los desahuciados que quedan ligados de por vida a una deuda impagable, mientras los responsables de la estafa financiera siguen retozando en su mundo de privilegios.
Los beneficiarios de la renta mínima de inserción que el verano pasado fueron acusados de robarnos con su exigua paga de subsistencia. Los simpapeles a los que el Gobierno del PP deja sin asistencia sanitaria. Todos aquellos que han visto cómo las llamas devoraban su paisaje mientras los cuerpos de emergencia llevaban meses alertando de la falta de recursos. Los parados que van a ver recortada su prestación mientras llaman a puertas cerradas.
¿Quién da un golpe sobre la mesa por ellos? ¿Quién apoya a las asociaciones de afectados, a los que claman en la calle, a los que desde su fragilidad tratan de salir adelante? ¿Quién piensa, grita, actúa y se pone al servicio de los débiles para construir alternativas? Se busca... Se necesita.

Emma Riverola, El Periódico de Catalunya

11 de desembre 2012

Día a día


Hay días en que los pro­ble­mas, co­mo cuen­tas de ro­sa­rio, se ciñen a la gar­gan­ta, anu­dan las pa­la­bras y cie­gan la mi­ra­da. Son días en los que pen­sar en el fu­tu­ro due­le tan­to que nu­bla la fa­cul­tad de ra­zo­nar; días en los que la lí­nea del ho­ri­zon­te no se vis­lum­bra, tan so­lo un tra­zo ne­gro so­bre un fon­do ne­gro. Son días que, pa­ra de­ma­sia­das per­so­nas, se han con­ver­ti­do en se­ma­nas, me­ses, años in­clu­so. Es el tiempo en qué la desesperación se lanza por la ventana delante de la inminencia de un desahucio en qué las facturas impagadas enredan un laberinto sin salida, en qué se cuenta por horas el momento de bajar la persiana... Adiós a las ilusiones, adiós a los sueños. Mirar a los hijos también duele. Porqué crece el temor de no poder ofrecer nada del que un día fue imaginado y que esto acabe siendo un pozo insaciable que lo engulla todo. I entonces, cuando domina la inquietud, cuando atormenta a un pasado que se escapó. La tristeza amenaza de convertirse en la única compañía. La depresión aumenta a medida que se ennegrece el futuro, que crece la impotencia, que se dispara la angustia. Las calles engalanadas gritando al consumo de vuelven una burla para aquello que teme que el asfalto sea su última estación. Sólo queda pensar en el presente. Enlazar una cuerda de salvamento hecha del día a día. Libre del pasado y de un futuro que aún no existe. Puede que así, libres del miedo, podremos pintar un futuro de esperanza.


Emma Riverola, El Periódico de Cataluña 11/12/2012